miércoles, 12 de junio de 2013

A propósito de parangones, comparaciones o semejanzas

Mientras que, en Argentina y Paraguay, se denomina “pava” al recipiente de metal o hierro esmaltado, con asa en la parte superior, tapa y pico, que se usa para calentar agua, en Perú, se le denomina “tetera”, aunque este, en sentido estricto, haga referencia a la vasija de metal, loza, porcelana o barro, con tapadera y un pico provisto de colador interior o exterior, que se usa para hacer y servir el té.



Asimismo, por ejemplo, para hacer referencia al bolígrafo (‘instrumento para escribir que tiene en su interior un tubo de tinta especial y, en la punta, una bolita metálica que gira libremente’), en Argentina y Uruguay, se dice “lapicera”, mientras que, en Perú Costa Rica, Guatemala y Honduras, se dice comúnmente “lapicero”.



Por otra parte, para hacer referencia a la prenda interior o deportiva que cubre el tronco, generalmente sin cuello (camiseta), en Argentina, se dice “remera” (palabra no recogida en el Diccionario de la RAE), mientras que, en Perú, se utiliza muy generalmente el término polo (‘prenda de punto que llega hasta la cintura, con cuello, y abotonada por delante en la parte superior).


También, en Argentina, se utiliza, por ejemplo, la palabra chango o su diminutivo: changuito para referir al carrito que se lleva para cargar las compras, mientras que, en Perú, se utiliza simplemente la expresión carrito de compras para hacer referencia al vehículo o armazón con ruedas que se emplea para transportar objetos diversos, como el cesto de la compra, libros, comida, etcétera.

Otro caso hace referencia a la prenda interior femenina que cubre desde la parte inferior del tronco y tiene dos aberturas en las piernas, que, en Argentina, se conoce como “bombacha”, mientras que, en Perú, con el término calzón o comúnmente calzones se hace referencia a la misma prenda de vestir, que tiene dos perneras y que cubre el cuerpo desde la cintura hasta una altura variable de los muslos.



miércoles, 5 de junio de 2013

¿“Lavaza” o “Lavazas”?


Cuando se lava la ropa, no resulta extraño escuchar el término lavaza. No obstante, de acuerdo con el Diccionario de la RAE, lavazas es el nombre "oficial" para hacer referencia al agua sucia o mezclada con las impurezas de lo que se lavó con ella.

martes, 20 de noviembre de 2012

Acerca de la controversia por el lenguaje sexista

Hace un tiempo, en El castellano, la página del idioma español, encontré un artículo interesante acerca de la controversia que existe en relación con el lenguaje sexista en expresiones como Miles de hombres o Los niños en el mundo para hacer referencia a los dos sexos (hombres, mujeres, niños y niñas, respectivamente). Creo que puede sernos útil su lectura.


IPS

Una resolución del pleno de la Real Academia Española (RAE) abrió la puerta en España a un intenso debate sobre el buen y mal uso del idioma, al hablar o escribir sobre mujeres y hombres. 

El académico Ignacio Bosque redactó el polémico informe «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», aprobado por unanimidad por el pleno de la RAE y con duras críticas sobre nueve normas elaboradas por comunidades autónomas, universidades y sindicatos de toda España. En las nueve normas hay temas comunes, entre los que se destaca la crítica al uso genérico del masculino para designar a los dos sexos, como cuando se dice «en esa ciudad viven miles de hombres», en vez de «hombres y mujeres» o más claramente aun «personas». 


Pero en el documento difundido el domingo 4, la RAE considera que «está firmemente asentada en el sistema gramatical español» la forma de designar a los dos sexos diciendo «miles de hombres». La academia tiene actualmente 42 miembros, solo tres mujeres. Desde su fundación, en 1713, solo ha habido cinco académicas. 


Sobre el informe se manifestó la lingüista Silvia Agosto, profesora asociada del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid y docente del Instituto de Educación Secundaria Mariana Pineda, también en la capital. «Es necesario adaptar los usos idiomáticos a una nueva realidad social. Si antiguamente no existían abogadas, arquitectas o doctoras, es lógico que se adapten los géneros de estos sustantivos», dijo. 


En este tema, Agosto recordó un hecho que muy pocos tienen en cuenta en la actualidad: que hasta mediado el siglo XX prácticamente no había mujeres doctoradas en arquitectura, abogacía o medicina, lo que convertía en normal las expresiones arquitecto, abogado o médico. Pero la lingüista sí consideró que no es una buena solución duplicar las expresiones, como proponen varios de los manuales criticados. 


Puso como ejemplo la expresión «los niños y las niñas», que consideró que «no solo no tienen sentido por la propia estructura de la lengua, sino que porque estas fórmulas son contrarias a uno de los principios básicos del lenguaje: la economía». «Si es posible dar un mensaje con menos palabras, ¿por qué usar más?», argumentó. 


Agosto puntualizó que «las repeticiones generan problemas sintácticos y complican la redacción». Como ejemplo negativo puso el cambio de la frase «Los padres deben consultar a los maestros por el rendimiento de sus hijos» por: «Los padres y las madres deben consultar a los maestros y las maestras por el rendimiento de sus hijos y sus hijas». Y se preguntó: «¿Para qué usar una frase doblemente extensa para decir lo mismo?». 


Según Bosque, si se aplicaran las directrices de las comunidades, sindicatos y universidades «no se podría hablar», pues para hacerlo hay que aplicar el uso genérico del masculino para los dos sexos ya que eso, según la RAE, «está firmemente asentado en el sistema gramatical español» y de otras muchas lenguas. 

Bosque subrayó que «hay acuerdo general entre los lingüistas en que el uso no marcado (o uso genérico) del masculino para designar los dos sexos está firmemente asentado en el sistema gramatical del español». Y puso como ejemplo textos de escritoras como las españolas Soledad Puértolas, Maruja Torres, Rosa Montero o Almudena Grandes, o la uruguaya Carmen Posadas y la mexicana Ángeles Mastretta, entre otras, en los que ninguna de ellas «sigue las directrices contra el supuesto sexismo verbal». 

El académico planteó también el caso de los animales, y se preguntó: «¿Debemos entender tal vez que es correcto discriminar a las hembras en expresiones tan comunes como los perros, los gatos, los lobos o los jabalíes, o hemos de interpretar, por el contrario, que no es preciso que el género aquí tenga correspondencia con el sexo?». Además, criticó a los gobiernos de las comunidades y a las centrales sindicales por proponer que en vez de decir «los ciudadanos» se diga «la ciudadanía», o en lugar de «los becarios», «las personas becarias». 

La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del gobierno derechista, Ana Mato, ha sido muy criticada por mantener los términos sexistas discriminatorios, como cuando condenó el asesinato de una mujer por su marido. La ministra habló de «violencia en el entorno familiar» y no de violencia machista o de género, tal como establece expresamente la ley que se denominan ese tipo de crímenes. 

Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga y presidenta de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, sostiene que, si bien la sociedad española «ha funcionado normalmente con un lenguaje muy sexista», ahora «hay que cambiarlo, igual que hemos cambiado montones de actuaciones». Y subraya que «la mujer debe contar en todo y ese todo incluye el lenguaje (...). Hay que poner a la mujer en valor y hacer el esfuerzo de cambiar el lenguaje, aunque no se puede lograr de la noche a la mañana». A su juicio, para lograrlo se deberá trabajar en los primeros niveles de la enseñanza, aunque dice tener claro que «el genérico se debe seguir utilizando porque no se hace con tono discriminatorio». 

La visión de las feministas

La secretaria confederal de la Mujer de la central sindical Comisiones Obreras (CCOO), Carmen Bravo, criticó el informe de Bosque y dijo que desde su organización promueven «un uso de la lengua más inclusivo desde el punto de vista del género y más igualitario desde la práctica democrática del lenguaje». «Demandamos que la RAE también lo haga», sentenció. 

En CCOO, ratificó, se apuesta «por un lenguaje inclusivo de género», y de esa forma «democratizar el lenguaje y dar visibilidad social a los géneros femenino y masculino y lograr una sociedad más igualitaria y transparente desde el punto de vista lingüístico». 

La presidenta de la Comisión de Igualdad del Consejo General del Poder Judicial, Inmaculada Montalbán, escribió que «la utilización sexista del lenguaje implica la invisibilidad de las mujeres, tanto de su presencia como de sus logros». «Así lo entiende la Ley de Igualdad, cuando fija como criterio general de actuación de los poderes públicos la implantación de un lenguaje no sexista en el ámbito administrativo», adujo. 

Purificación Causapié, secretaria de Igualdad del opositor Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se mostró optimista, porque «el idioma es algo vivo y cambia para adaptarse a la sociedad y en este sentido el lenguaje debe servir para expresar también la igualdad entre hombres y mujeres». A su juicio, «debemos encontrar un consenso, por supuesto también con los lingüistas y con la Real Academia, para alcanzar este objetivo». 

Escritores con la RAE

El afamado escritor Enrique Vila-Matas apoya a la RAE, porque «el lenguaje está hecho esencialmente para entenderse. Por tanto, todo lo que se aparte de esto es un despropósito. Y despropósito es creer que siempre hay discriminación en las expresiones nominales construidas en masculino con la intención de abarcar los dos sexos». 

Un ejemplo de esto, a su juicio, es cuando se recomienda decir «personas sin trabajo» en vez de «parados». Pues si se hace eso «acabaremos no entendiéndonos nada entre nosotros, hablando de Españadanía para no tener que decir Españo o España (demasiado masculino o femenino respectivamente)». 

Pero feministas y lingüistas coincidieron en que el lenguaje no es neutral y para confirmarlo recordaron los significados populares muy diferentes que se asignan a palabras iguales, sean en masculino o femenino: 

Uno cualquiera: uno que pasaba por ahí; una cualquiera: una puta. Un hombre público: un ciudadano conocido; una mujer pública: una puta. Un zorro: un hombre listo; una zorra: una puta. Un hombre alegre: un sujeto contento; una mujer alegre: una puta. Un gallo o gallito: un valiente; una gallina: puta o cobarde. 



miércoles, 17 de octubre de 2012

¿"Veintiún mujeres", o "veintiuna mujeres"?

El numeral uno se apocopa, esto es, pierde su última letra: o(a), ante sustantivos masculinos (Un teléfono) o femeninos que empiezan por vocal /a/ tónica (Un águila), es decir, por vocal a en la que recae el acento de intensidad en la palabra. En consecuencia, los numerales compuestos que contienen el numeral uno(a) se comportan del mismo modo y se apocopan ante sustantivos masculinos (Veintiún hombres) y femeninos que empiezan por /a/ tónica (Veintiún águilas). De acuerdo con esto, se debe decir, por ejemplo: Veintiuna mujeres (no Veintiún mujeres), y, por otra parte, Veintiún habas (no Veintiuna habas).


sábado, 13 de octubre de 2012

Doble negación en español

En el caso de las palabras nunca, jamás, tampoco (adverbios), nadie, nada, ninguno (pronombres o adjetivos indefinidos) y grupos que contienen el término ni (conjunción copulativa negativa), cuando van pospuestos al verbo, el adverbio no debe necesariamente anteponerse a este: No voy nunca a la playa, No iré jamás, Él no irá tampoco, No vino nadie, Ya no tengo nada de lo que tuve, No irá ninguno de ellos, No lo quiere ni su madre.


En estos casos, la doble negación o concurrencia de dos negaciones no anula el sentido negativo de la frase, sino que, por el contrario, lo refuerza.

martes, 18 de septiembre de 2012

V: ¿“uve” o “ve chica”?

   Uve y ve son los nombres que tiene la letra v. El primero es el que se emplea en España y también es usado en buena parte de América, donde el nombre ve es el más extendido y suele ser acompañado de adjetivos: corta, chiquita, pequeña, baja o chica (este último es el que, por cierto, se emplea más en Perú), para distinguirlo, en el habla, del nombre de la letra b (be), cuya pronunciación es exactamente igual.

   Por otra parte, la recomendación de uso en todo el ámbito hispánico de la denominación uve para la letra v obedece a que este nombre se distingue sin necesidad de añadidos del nombre de la letra b. No por esto, sin embargo, las otras variantes de denominación, vigentes en el uso del español actual, pueden considerarse, en absoluto, “incorrectas”.


lunes, 17 de septiembre de 2012

Uso del artículo "el" ante sustantivos femeninos

    Se usa el ante sustantivos femeninos que comienzan con a acentuada: el agua, el alma, el águila, con la finalidad de evitar una disonancia o la combinación no armónica de sonidos (cacofonía), que se produciría si se dijera, por ejemplo, la agua, la alma, la águila, etcétera. También cabe señalar que antiguamente esta forma el del artículo se anteponía también cuando la a no era acentuada: el acémila, e incluso cuando el sustantivo comenzaba por otras vocales: el espada. Esto se explica por lo siguiente: la forma antigua del artículo femenino era ela: ela casa, ela tierra, ela alma. Esta forma se abrevió perdiendo una vocal: cuando el sustantivo comenzaba por vocal, el artículo perdía la última: el’ arena, el’ alma, el’ espada; mientras que, si el sustantivo comenzaba por consonante, el artículo perdía la primera vocal: ’la casa, ’la tierra.



    Por tanto, puede decirse que, en casos como los inicialmente señalados (el agua, etc.), el artículo el se presenta como una forma especial del femenino.