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martes, 20 de noviembre de 2012

Acerca de la controversia por el lenguaje sexista

Hace un tiempo, en El castellano, la página del idioma español, encontré un artículo interesante acerca de la controversia que existe en relación con el lenguaje sexista en expresiones como Miles de hombres o Los niños en el mundo para hacer referencia a los dos sexos (hombres, mujeres, niños y niñas, respectivamente). Creo que puede sernos útil su lectura.


IPS

Una resolución del pleno de la Real Academia Española (RAE) abrió la puerta en España a un intenso debate sobre el buen y mal uso del idioma, al hablar o escribir sobre mujeres y hombres. 

El académico Ignacio Bosque redactó el polémico informe «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», aprobado por unanimidad por el pleno de la RAE y con duras críticas sobre nueve normas elaboradas por comunidades autónomas, universidades y sindicatos de toda España. En las nueve normas hay temas comunes, entre los que se destaca la crítica al uso genérico del masculino para designar a los dos sexos, como cuando se dice «en esa ciudad viven miles de hombres», en vez de «hombres y mujeres» o más claramente aun «personas». 


Pero en el documento difundido el domingo 4, la RAE considera que «está firmemente asentada en el sistema gramatical español» la forma de designar a los dos sexos diciendo «miles de hombres». La academia tiene actualmente 42 miembros, solo tres mujeres. Desde su fundación, en 1713, solo ha habido cinco académicas. 


Sobre el informe se manifestó la lingüista Silvia Agosto, profesora asociada del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid y docente del Instituto de Educación Secundaria Mariana Pineda, también en la capital. «Es necesario adaptar los usos idiomáticos a una nueva realidad social. Si antiguamente no existían abogadas, arquitectas o doctoras, es lógico que se adapten los géneros de estos sustantivos», dijo. 


En este tema, Agosto recordó un hecho que muy pocos tienen en cuenta en la actualidad: que hasta mediado el siglo XX prácticamente no había mujeres doctoradas en arquitectura, abogacía o medicina, lo que convertía en normal las expresiones arquitecto, abogado o médico. Pero la lingüista sí consideró que no es una buena solución duplicar las expresiones, como proponen varios de los manuales criticados. 


Puso como ejemplo la expresión «los niños y las niñas», que consideró que «no solo no tienen sentido por la propia estructura de la lengua, sino que porque estas fórmulas son contrarias a uno de los principios básicos del lenguaje: la economía». «Si es posible dar un mensaje con menos palabras, ¿por qué usar más?», argumentó. 


Agosto puntualizó que «las repeticiones generan problemas sintácticos y complican la redacción». Como ejemplo negativo puso el cambio de la frase «Los padres deben consultar a los maestros por el rendimiento de sus hijos» por: «Los padres y las madres deben consultar a los maestros y las maestras por el rendimiento de sus hijos y sus hijas». Y se preguntó: «¿Para qué usar una frase doblemente extensa para decir lo mismo?». 


Según Bosque, si se aplicaran las directrices de las comunidades, sindicatos y universidades «no se podría hablar», pues para hacerlo hay que aplicar el uso genérico del masculino para los dos sexos ya que eso, según la RAE, «está firmemente asentado en el sistema gramatical español» y de otras muchas lenguas. 

Bosque subrayó que «hay acuerdo general entre los lingüistas en que el uso no marcado (o uso genérico) del masculino para designar los dos sexos está firmemente asentado en el sistema gramatical del español». Y puso como ejemplo textos de escritoras como las españolas Soledad Puértolas, Maruja Torres, Rosa Montero o Almudena Grandes, o la uruguaya Carmen Posadas y la mexicana Ángeles Mastretta, entre otras, en los que ninguna de ellas «sigue las directrices contra el supuesto sexismo verbal». 

El académico planteó también el caso de los animales, y se preguntó: «¿Debemos entender tal vez que es correcto discriminar a las hembras en expresiones tan comunes como los perros, los gatos, los lobos o los jabalíes, o hemos de interpretar, por el contrario, que no es preciso que el género aquí tenga correspondencia con el sexo?». Además, criticó a los gobiernos de las comunidades y a las centrales sindicales por proponer que en vez de decir «los ciudadanos» se diga «la ciudadanía», o en lugar de «los becarios», «las personas becarias». 

La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del gobierno derechista, Ana Mato, ha sido muy criticada por mantener los términos sexistas discriminatorios, como cuando condenó el asesinato de una mujer por su marido. La ministra habló de «violencia en el entorno familiar» y no de violencia machista o de género, tal como establece expresamente la ley que se denominan ese tipo de crímenes. 

Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga y presidenta de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, sostiene que, si bien la sociedad española «ha funcionado normalmente con un lenguaje muy sexista», ahora «hay que cambiarlo, igual que hemos cambiado montones de actuaciones». Y subraya que «la mujer debe contar en todo y ese todo incluye el lenguaje (...). Hay que poner a la mujer en valor y hacer el esfuerzo de cambiar el lenguaje, aunque no se puede lograr de la noche a la mañana». A su juicio, para lograrlo se deberá trabajar en los primeros niveles de la enseñanza, aunque dice tener claro que «el genérico se debe seguir utilizando porque no se hace con tono discriminatorio». 

La visión de las feministas

La secretaria confederal de la Mujer de la central sindical Comisiones Obreras (CCOO), Carmen Bravo, criticó el informe de Bosque y dijo que desde su organización promueven «un uso de la lengua más inclusivo desde el punto de vista del género y más igualitario desde la práctica democrática del lenguaje». «Demandamos que la RAE también lo haga», sentenció. 

En CCOO, ratificó, se apuesta «por un lenguaje inclusivo de género», y de esa forma «democratizar el lenguaje y dar visibilidad social a los géneros femenino y masculino y lograr una sociedad más igualitaria y transparente desde el punto de vista lingüístico». 

La presidenta de la Comisión de Igualdad del Consejo General del Poder Judicial, Inmaculada Montalbán, escribió que «la utilización sexista del lenguaje implica la invisibilidad de las mujeres, tanto de su presencia como de sus logros». «Así lo entiende la Ley de Igualdad, cuando fija como criterio general de actuación de los poderes públicos la implantación de un lenguaje no sexista en el ámbito administrativo», adujo. 

Purificación Causapié, secretaria de Igualdad del opositor Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se mostró optimista, porque «el idioma es algo vivo y cambia para adaptarse a la sociedad y en este sentido el lenguaje debe servir para expresar también la igualdad entre hombres y mujeres». A su juicio, «debemos encontrar un consenso, por supuesto también con los lingüistas y con la Real Academia, para alcanzar este objetivo». 

Escritores con la RAE

El afamado escritor Enrique Vila-Matas apoya a la RAE, porque «el lenguaje está hecho esencialmente para entenderse. Por tanto, todo lo que se aparte de esto es un despropósito. Y despropósito es creer que siempre hay discriminación en las expresiones nominales construidas en masculino con la intención de abarcar los dos sexos». 

Un ejemplo de esto, a su juicio, es cuando se recomienda decir «personas sin trabajo» en vez de «parados». Pues si se hace eso «acabaremos no entendiéndonos nada entre nosotros, hablando de Españadanía para no tener que decir Españo o España (demasiado masculino o femenino respectivamente)». 

Pero feministas y lingüistas coincidieron en que el lenguaje no es neutral y para confirmarlo recordaron los significados populares muy diferentes que se asignan a palabras iguales, sean en masculino o femenino: 

Uno cualquiera: uno que pasaba por ahí; una cualquiera: una puta. Un hombre público: un ciudadano conocido; una mujer pública: una puta. Un zorro: un hombre listo; una zorra: una puta. Un hombre alegre: un sujeto contento; una mujer alegre: una puta. Un gallo o gallito: un valiente; una gallina: puta o cobarde. 



martes, 26 de junio de 2012

Esperanto. De Susan Tasayco y Rosa Amelia Pérez Hopkins

Señor Ajolote,
Nos gustaría conocer su opinión sobre un tema que nos interesa resolver. Estuvimos revisando la documentación sobre el idioma Esperanto y sabemos que es un idioma que fue creado con la intencionalidad de servir a una mejor comunicación, pero que finalmente no es una herencia cultural ancestral sino una estudiada experimentación de gabinete.
El propósito del Esperanto fue, desde sus inicios, mejorar la calidad de la comunicación y romper con el monopolio de los idiomas de las culturas dominantes, es decir, por la democracia lingüística y la preservación de la diversidad lingüística; sin embargo, ha transcurrido varios años desde el manifiesto de Praga, donde se acuerda incentivar el uso del Esperanto y este idioma no tiene una difusión masiva.
Por otro lado nosotros vemos todos los días como desaparecen lenguas de pueblos originarios con amplia herencia cultural sin que se pueda hacer nada por evitarlo, lenguas como la shipiba o el quechua huanca, son lenguas en peligro de extinguirse.
Nuestra pregunta es ¿Qué tan reales son las expectativas de supervivencia del Esperanto, que finalmente es una lengua sin arraigo cultural y sin historia, en un país con tanta diversidad de lenguas, como lo es el Perú?
Muy amable por su atención.

"Sube arriba” y ”baja abajo” ¿Acaso es posible “subir abajo” o “bajar arriba”? De Jhasmín Michuy Ramírez y Erika Rojas Espinoza

Imposible. Estas frases son ejemplos muy claros y comunes de pleonasmos (expresión en la que aparecen uno o más términos redundantes).

¡Sube arriba!, jamás vas a subir abajo, ¿no? Es así que el pleonasmo, no es la utilización de cualquier vocablo no necesario, sino utilizar un vocablo que tiene la misma raíz, significado o relación de significación con el sujeto o verbo de la oración en cuestión. 

Algunas personas afirman que es útil para terminar la frase y no dejar el verbo colgando.
Sin embargo, no debemos olvidar que, en la mayoría de los casos, su uso es involuntario y, si no se habla dentro de un contexto literario, sugiere poca habilidad lingüística. 

Ejemplos: 
“Lo vi con mis propios ojos”.
“Lo dije con mi propia boca”
“Cállate la boca”

Así llegamos a la conclusión de que, si bien muchas veces es un acto de inercia, debemos evitarlo, pero sobre todo corregirlo si el error ya está hecho. Pensar antes de hablar es algo que nunca debemos olvidar.

Entonces, nuestra interrogante es: ¿es incorrecto el uso redundante de las palabras?, ¿o es que,de alguna manera, puede ser aceptado como un medio para enfatizar una expresión? 

Agradeceríamos su respuesta.

lunes, 25 de junio de 2012

"El código restringido". De Magli Escobedo y Solange Martínez

Los aportes de Carlos Gatti Murriel acerca de la lengua llaman a la reflexión crítica y a la autoevaluación de los conocimientos propios. Tras leer este post ("El lenguaje como arma"), recordamos una de las lecturas más comentadas en clase con el profesor César Ángeles: "El código restringido".

El texto se refiere a cómo el disponer únicamente del código restringido nos ciñe solo a conocimientos rudimentales y básicos. Además, resalta la importancia de contar con un código elaborado para conseguir el éxito académico.

La lectura refleja una realidad en el Perú. Por experiencia, podemos afirmar que la mayoría de niños muestra desinterés por la lectura, pues ellos leen palabras y no entienden la relación que existe entre ellas, aun si lo intenten repetitivamente. 

Esto nos ha hecho reflexionar sobre la problemática en las escuelas, donde los cursos de lengua son enseñados con metodología desactualizadas que no llaman la atención del niño. Los docentes imponen lecturas en vez de presentárselas didácticamente de modo que se deje en ellos la curiosidad de seguir leyendo. 

Es preocupante la situación, porque la competencia lingüística permite el acceso a mayor conocimiento; entonces, al no desarrollarla, se limitan los saberes a un entendimiento básico que no permite el enriquecimiento intelectual. Las consecuencias de este fenómeno se observan en generaciones actuales con poca o nula producción de conocimientos en textos escritos. 

Es imperativo que la situación cambie mediante el hábito de la lectura, por el bien de nuestra sociedad, pues leer es el modo más efectivo de aumentar el vocabulario y abstraer la correcta sintaxis de nuestra lengua. Otra solución es motivar al alumno, por medio de técnicas didácticas de enseñanza, a que se interese en el idioma, al igual que fomentar en la población el deseo de superación y las ansias de mejorar el uso de su lengua por medio de la comparación con otros países, donde se evidencia la gran diferencia en cuanto a la competencia lingüística y a la producción de conocimiento. Finalmente, se debe completar estas soluciones con la producción de textos como medio de liberación de la creatividad.

Dobles participios

Soy alumna de la universidad Unifé, quisiera que me contestara una pregunta relacionada al uso incorrecto del habla, la cual es la siguiente:
¿Cuál es la problemática en el uso de dobles participios: imprimido/impreso, freído/frito, proveído/provisto y la posible solución en su uso estandarizado? 
¿Cuál es el uso del doble participativo con verbos tales como imprimido/impreso, freido/frito, proveido/provisto, su uso incorrecto en el habla y una solución para mejorar esta problemática estandarizada)
Espero su pronta respuesta. 
Claudia Ruiz Medrano


De acuerdo con la Nueva gramática de la lengua española, de la RAE, el participio pasivo, pasado o de perfecto es la tercera forma no personal del verbo. Además de las formas regulares de los participios (amado, temido, partido), existen otras irregulares, sean del español general, como abierto, dicho, escrito, impreso, visto, o estén restringidas geográficamente, como descripto, inscripto, propias del área rioplatense. Forman una serie limitada los verbos que admiten tanto participios regulares como irregulares (freído-frito; imprimido-impreso), aunque no siempre en los mismos contextos. Las particularidades de cada uno de estos se publicarán en una próxima entrada.

No obstante, puede señalarse que los participios regulares de los verbos freír, imprimir, proveer y algunos otros concurren a veces con los irregulares, aunque con notables diferencias en su extensión y en su uso. Los irregulares (frito, impreso, provisto) suelen ser más frecuentes que los regulares (freído, imprimido, proveído) como modificaciones nominales (Un libro impreso en papel barato) y como atributos o complementos predicativos (El libro está impreso en papel barato). En los tiempos compuestos, se suelen imponer las formas regulares, pero se documentan alternancias. Existe considerable variación  geográfica en estas preferencias. Alternan en muchos países han freído y han frito. En el español americano, es algo más marcado que en el europeo la preferencia por han impreso en lugar de han imprimido, por ejemplo.

domingo, 19 de junio de 2011

"[…] o, mejor dicho,..."


Las palabras o frases que se usan cuando, después de dicha una palabra o cláusula, se dice otra para corregir lo precedente y explicar mejor el concepto reciben el nombre de corrección o epanortosis. Tal es el caso, por ejemplo, de una expresión del tipo El sistema inmunológico o, MEJOR dicho, el sistema inmunitario es..., en la que el adjetivo comparativo mejor significa, en dicho contexto, 'más convenientemente' ("[…] o, más convenientemente dicho,...").

domingo, 6 de febrero de 2011

El lenguaje como arma



"Tristes armas / si no son las palabras": los versos de Miguel Hernández, el poeta español, sugieren la posibilidad de considerar el lenguaje como arma. Ciertamente lo es, pero más en el sentido de ‘medio’, de ‘recurso’, de ‘instrumento’ que en el sentido específico de herramienta ofensiva o defensiva. Visto así, puede decirse que el lenguaje es instrumento para apropiarse del mundo, es un recurso para la articulación de la conciencia y es un medio de comunicación social.

Extraído de ¿Por qué prestar atención al lenguaje? (1998), de Carlos Gatti Murriel.

lunes, 31 de enero de 2011

Ortografía y lenguaje

Inicio el año hablando sobre el lenguaje, mi área de combate desde hace casi cerca de 90 años. Apenas observamos el lenguaje, advertimos su eficacia como instrumento de cohesión. Descubrimos su valor como consolidador de la vida civil no bien abrimos el periódico: la prensa, a través de la lengua, nos conecta con el mundo entero. Comprobamos su eficacia cuando, en el ejercicio diario, elevamos solicitudes, redactamos informes, preparamos manifiestos, protestas, adhesiones. Y lo volvemos a comprobar en el campo de la literatura, si nos entregamos sosegadamente a gozar algunas horas del ensayo, la novela o el cuento. Es decir, el lenguaje nos une a todos cuantos hablamos español, pues al oírnos y entendernos reconocemos que una vieja sangre nos respaldaba y aseguraba el perfil. Nos une, a través de infinitas traducciones, con todos los pueblos del mundo. Signo, pues, de cohesión, revela eficazmente nuestra voluntad de persistir y de comunicarnos. Por eso el primer síntoma de la soledad es la incomunicación.

Un maestro estará pensando que si no hablo de ortografía, no estoy hablando de lenguaje. Cuando decimos ortografía estamos mencionando ‘escritura correcta’. Aludimos al acierto en la acentuación, en la puntuación y en el esmerado uso de las letras-signos. Si escribimos sofa, en lugar de sofá, ciertamente no hay ortografía. Y no afirmaremos la existencia de ortografía mientras no están sustituidos los debidos acentos.

Cuántas veces nos acosan reclamándonos métodos que enseñen a adquirir ortografía. La respuesta no suele hacerse esperar: leer y leer constantemente, ejercitarse en el manejo del vocabulario. Porque para aprender a escribir con decoro las palabras debemos saber que tales palabras existen dispuestas para el uso, y conocer sus aptitudes de significación. Muchas veces la ortografía es culpable de que la gente tuerza el significado de las palabras. Vaya un ejemplo aleccionador. El diccionario nos ofrece acecho y asecho. Es decir, acecho con ‘c’ y asecho con ‘s’. Suenan igual. Lo repito: suenan igual, no hay distinción en la pronunciación de una u otra. Pero no dicen lo mismo. Acechar significa “observar, aguardar con algún propósito”. Asechar es, en cambio, “poner o armar asechanzas”. Y asechanza es “el engaño o artificio para hacer daño a otro”. O sea, acechar no aclara ni califica el propósito de quien observa; en cambio asechar anuncia el propósito de daño. Un simple cambio de letra puede, como se ve, alterar el sentido; era, por eso, cambio importante. Como estos, hay otros casos ilustrativos. Aquí tenemos acerbo y acervo.

Hay que insistir en una observación auditiva: suenan igual, de modo que nada contribuye el sonido a distinguir ni precisar el significado. Pero acerbo significa “áspero al gusto” y vale, en sentido figurado, por “cruel, riguroso, desapacible”. En cambio, acervo es “un montón de cosas menudas, como trigo, cebada, legumbres” y significa también “el haber que pertenece en común a los socios de una compañía civil o comercial”. Sería, pues, faltar el sentido y formular un disparate si escribiéramos una frase como la siguiente: “El carácter acervo de la niña era acechado por sus padres”. ¡Un disparate!

La ortografía, o sea la escritura correcta, evitará siempre que incurramos en escándalos de esta naturaleza, al tiempo que nos permitirá enriquecer nuestro vocabulario. Nuestra experiencia lingüística nos tiene acostumbrados a reaccionar con determinadas frases. Por eso no tenían sentido unos ejercicios acostumbrados en la escuela (los famosos percentiles), que eran una larga lista de palabras desvinculadas de toda asociación sintagmática. ¿Cuántas veces en la vida oral hemos usado la voz solipismo y cómo podemos asociarla a nuestra vida oral?

Leer y leer vuelve a ser el gran remedio. Necesitamos conocer el vocabulario elemental, con que nombramos cuanto nos circunda. Aprender ortografía obliga a incrementar el vocabulario. Las palabras constituyen nuestro punto de partida para la reflexión ortográfica. No hay ortografía sin vocabulario básico. Necesitamos conocer palabras y agruparlas dentro del mundo de intereses en que nos movemos.

Fuente: http://www.larepublica.pe/26-12-2010/reflexiones-sobre-la-escuela

domingo, 28 de febrero de 2010

Sobre el ajolote


La lengua del ajolote pretende ser un espacio, a modo de cuaderno de bitácora, elaborado, básicamente, a partir de ciertas dudas y absoluciones de curiosidades lingüísticas, que, a lo largo de mis felices y aciagos días, han acontecido y, felizmente, siguen aconteciendo o, en todo caso, sigo percibiendo en esta batalla y quehacer cotidianos por aprehender mi(1) lengua. No soy ningún quijote de la lengua que se enfrenta a gigantes molinos ―no, claro que no, aunque, ciertamente, lo confieso, no me disgustaría ser un personaje de cuento o de novela, llamado el Ajolote, un ser tan extraño, incluso «feo», y, a su manera, bello(2)―, pero, sí, como él, tengo tantas ganas, voluntad y sueños. Me alegra el hecho de que, pese al transcurso de los años, el laberinto lingüístico me siga siendo tan intrigante y apasionante, y, a propósito de esto, por cierto, resulta increíble, pero, a la vez, muy comprensible que se suela prestar a la lengua tan poca o ninguna atención; lengua de la que, como instrumento, por decir lo menos, hacemos, desde muy temprano, constante uso, coloquial, «culto» en ocasiones y otras veces bárbaro, y que, aunado al uso de los demás hablantes, hacen de esta lengua una entidad tan pujante y viva.

Por otro lado, esta bitácora cibernética también tiene el propósito de procurar absolver, en la medida de mis posibilidades, las dudas o consultas que ustedes tengan el interés de plantear. Pronto escribiré algunas apostillas acerca del nombre de este cuaderno. Bueno, queridos ajolotes, la tribuna está abierta… ¡Bienvenidos, pues, a La lengua del ajolote!
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1 Digo «mi» en el sentido no de pertenencia o necesaria identificación con todo su espíritu, sino de posesión, de aspiración a tomar en mis manos las palabras, con la finalidad, cuasi ambición, de poder decir, finalmente −aunque no creo que llegue ese día−, lo que quisiera decir. No obstante, por otro lado, tal vez sea mejor decir, sin que de esto resulte una paradoja, que, en buena medida, es la lengua la que, socialmente, nos toma y penetra, y no somos nosotros, aunque no seamos, en absoluto, agentes pasivos, quienes la hacemos nuestra.
2 Véase la foto que encabeza el presente y, de seguro, luego será más difícil disentir u opinar lo contrario.