jueves, 6 de mayo de 2010

Acerca de la voz tsunami



Si bien el término no se encuentra en el DRAE, está prácticamente aprobado para la próxima edición. El nuevo Diccionario esencial de la RAE lo recoge como voz japonesa, en cursiva, con la siguiente definición: 'Ola gigantesca producida por un seísmo o una erupción volcánica en el fondo del mar'. El Diccionario del español actual, de M. Seco, lo define también como 'ola gigantesca causada por un maremoto'.

La definición actual de maremoto en el DRAE es la siguiente:
maremoto. (Formado a imit. de terremoto; del lat. mare, mar, y motus, movimiento). 1. m. Agitación violenta de las aguas del mar a consecuencia de una sacudida del fondo, que a veces se propaga hasta las costas dando lugar a inundaciones.
Es decir que la ola gigante o tsunami puede también considerarse el maremoto mismo, y así abundan los textos en los que se emplean ambos términos de forma equivalente. En otros casos, se diferencia bien entre el maremoto (terremoto submarino) y la ola gigante, que, como consecuencia, puede llegar a la costa y se denomina tsunami.

Razonamiento lógico


Si a un manzano me subí

y manzanas encontré,
pero manzanas no comí
ni manzanas dejé,
¿cuántas manzanas había?



a) 0 b) 1 c) 2 d) Faltan datos. e) No se puede determinar.

Nota: Quien(es) responda(n) correctamente tendrá(n) derecho a publicar un artículo o similar en esta bitácora y sus preguntas serán diligentemente respondidas. ¡Adelante!

martes, 6 de abril de 2010

¿Áncash o Ancash?




Si bien en algunos diarios de la capital se escribe la palabra Ancash (departamento ubicado al norte de Lima, capital del Perú) sin tilde e, incluso, en el propio Diccionario de la Real Academia Española se puede observar lo mismo, esta voz debe escribirse con tilde sobre la vocal inicial, puesto que, conforme las reglas generales de acentuación, se trata de una palabra llana o grave que no termina en vocal, ni en n o s -además, en este caso, la h no es muda-. Por lo tanto, se debe escribir Áncash y no Ancash, tal como se pronuncia.

sábado, 27 de marzo de 2010

domingo, 28 de febrero de 2010

Sobre el ajolote


La lengua del ajolote pretende ser un espacio, a modo de cuaderno de bitácora, elaborado, básicamente, a partir de ciertas dudas y absoluciones de curiosidades lingüísticas, que, a lo largo de mis felices y aciagos días, han acontecido y, felizmente, siguen aconteciendo o, en todo caso, sigo percibiendo en esta batalla y quehacer cotidianos por aprehender mi(1) lengua. No soy ningún quijote de la lengua que se enfrenta a gigantes molinos ―no, claro que no, aunque, ciertamente, lo confieso, no me disgustaría ser un personaje de cuento o de novela, llamado el Ajolote, un ser tan extraño, incluso «feo», y, a su manera, bello(2)―, pero, sí, como él, tengo tantas ganas, voluntad y sueños. Me alegra el hecho de que, pese al transcurso de los años, el laberinto lingüístico me siga siendo tan intrigante y apasionante, y, a propósito de esto, por cierto, resulta increíble, pero, a la vez, muy comprensible que se suela prestar a la lengua tan poca o ninguna atención; lengua de la que, como instrumento, por decir lo menos, hacemos, desde muy temprano, constante uso, coloquial, «culto» en ocasiones y otras veces bárbaro, y que, aunado al uso de los demás hablantes, hacen de esta lengua una entidad tan pujante y viva.

Por otro lado, esta bitácora cibernética también tiene el propósito de procurar absolver, en la medida de mis posibilidades, las dudas o consultas que ustedes tengan el interés de plantear. Pronto escribiré algunas apostillas acerca del nombre de este cuaderno. Bueno, queridos ajolotes, la tribuna está abierta… ¡Bienvenidos, pues, a La lengua del ajolote!
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1 Digo «mi» en el sentido no de pertenencia o necesaria identificación con todo su espíritu, sino de posesión, de aspiración a tomar en mis manos las palabras, con la finalidad, cuasi ambición, de poder decir, finalmente −aunque no creo que llegue ese día−, lo que quisiera decir. No obstante, por otro lado, tal vez sea mejor decir, sin que de esto resulte una paradoja, que, en buena medida, es la lengua la que, socialmente, nos toma y penetra, y no somos nosotros, aunque no seamos, en absoluto, agentes pasivos, quienes la hacemos nuestra.
2 Véase la foto que encabeza el presente y, de seguro, luego será más difícil disentir u opinar lo contrario.