Tengo tres razones por las cuales no debemos desestimar el uso de la palabra “obstetriz”.
1ro. El término es un peruanismo de larga data que, como muchos otros, no ha sido aceptado por la Real Academia de la Lengua Española, pero que está vigente en nuestra lengua (este artículo es prueba de ello) y es justamente por esta razón que en el Perú las pelotas no botan, simplemente rebotan; aquí pararse significa ponerse de pie; tentar a alguien no es tocarlo, sino provocar sus deseos; no nos saltamos las palabras, ¡nos las comemos!; nosotros jalamos, no halamos; decimos comedidamente ¿aló?, no ¡diga!; video, no vídeo; computadora, no ordenador; ícono, no icono; interín, no ínterin; benefactor, no bienhechor; y ultimadamente, en el Perú nos besuqueamos y no nos besucamos.
2do. El sufijo ‘–triz’ es propio del femenino de algunos sustantivos, y es el género al que hace referencia el término tanto hoy como en sus inicios, ya que proviene del latín obstetrix que se compone del prefijo ob- (en frente, frente a), del verbo stare (estar en pie) y del sufijo de agente femenino –trix que etimológicamente significa “la que actúa estando de pie enfrente (de la parturienta)”, debido a que, antiguamente, la mujer mayor con experiencia era la encargada de ayudar a “parir” a las más jóvenes e inexpertas.
3ro. y último, pero no por eso menos importante, la lengua es el alma de un pueblo, a través de ella se puede apreciar su cultura, sus sentimientos y su forma de ver el mundo; entonces, ¿Por qué debemos verlo bajo el lente peninsular? ¿Por qué no seguir usando ‘obstetriz’ para referirse a las mujeres obstetras? ¡La historia nos dice que ellas se lo han ganado!